Y tú, ¿eres emprendedor?

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Leo casi a diario blogs, tuits y noticias de empresarios, emprendedores y otras personas muy interesantes: amigos, compañeros de profesión, compañeros de aulas, etc. Y debo decir que me parece ha nacido una nueva “moda”: ser emprendedor.

Digo “moda” porque tengo la sensación de que si no eres emprendedor no eres nadie. O incluso peor un pringadete o una persona sin expectativas. Me parece excesivo y a veces resulta un poco repetitivo escucharlo como un mantra. Recibo un continuo bombardeo sobre emprendimiento, desde el Gobierno (que no sé yo si tiene muy claro qué es eso) hasta, como digo, a través de la información que digiero a diario. Y también, todo sea dicho de paso, mucho pseudoemprendedor…no basta con decir que se es… claro que eso mola. Por aclarar, a día de hoy, yo no pertenezco ni al primer grupo de emprendedores ni al segundo del que lo pretenden parecer.
 
MI ADMIRACIÓN Y RESPETO
Admiro y respeto a los emprendedores. A todos y cada uno, independientemente del porqué de su decisión y de la forma que adopten. Me parecen válidas todas aunque quizá algunas puedan ser fruto de la necesidad, algo que nunca es deseable. Desde los que lo emprenden por vocación porque no entienden su vida sin iniciar permanentemente nuevas aventuras empresariales, a los que lo hacen por “necesidad”, porque no ven otra salida. Tanto los que se autoemplean como los que piensan en crear una empresa para emplear a otros. Los que piensan en forrarse (lícitamente se entiende, sino se llaman delincuentes) y los que emprenden movidos por fines sociales. Los admiro y respeto, porque creo que son personas valientes, que miran el mundo de otra manera, que toman decisiones que les afectan de una manera muy directa. Supongo que es difícil entender desde fuera lo que se siente cuando tomas decisiones que afectan directamente a tu sueño y a tu dinero, porqué no decirlo. Cuando en cada decisión lo que te estás jugando es tuyo, eso debe producir vértigo y generación de adrenalina a raudales.
 
Pero no solo de emprendimiento vive un país. Estoy seguro que es esencial para el desarrollo económico y social de un país. Pero también se puede elegir no ser emprendedor. Eso es precisamente lo que reivindico y defiendo. 
 
¿Y SI NO ERES UN EMPRENDEDOR?
Yo no soy un emprendedor, lo confieso. Lo que no significa en absoluto que no me esfuerce a diario, ni que carezca de inquietudes, intereses y ganas de crecer como persona y profesional, ni que quiera mejorar de manera constante. Tampoco, que me conforme con lo que hay y veo a mi alrededor. Nada más lejos de la realidad. Pero, sí, quizá me falte algo, arrojo, valentía, una idea, no lo sé. Sin embargo, creo que soy útil en la empresa en la que trabajo. Las empresas necesitan muchos perfiles y hay cabida para todos, con tal de tener ganas (para mi, casi el único requisito indispensable). 
 
Existen aunque se les nombra muy poco: los intraemprendedores. Aquellas personas que con las mismas ganas que un emprendedor “clásico”, tratan de sacar adelante nuevos proyectos, nuevos departamentos, que buscan mejorar las empresas para las que trabajan. Son personas de una valía extrema en el mundo empresarial y en el desarrollo de las empresas, germen de innovación, propagadoras de optimismo y con características muy similares a las de un emprendedor… salvo que, tal vez, prefieren sentirse arropadas por una compañía. Pero no por ello su tarea es más sencilla. A menudo los obstáculos para lograr sacar adelante un proyecto en una empresa que no es tuya, es tremendamente más complicado.
 
Por otro lado, no todos tenemos la misma aversión al riesgo. Emprender es una actividad de alto riesgo, de ahí mi respeto a todos los emprendedores (los de verdad, los que lo son, no los que dicen que son). Y no todos estamos dispuestos o tenemos “ese gen” que dicen se necesita para ello (de lo cual discrepo. Además, leí en una ocasión-siento no recordar quien lo escribió- que un emprendedor ni nace, ni se hace, sino que se contagia… deja una ventana de optimismo que me gusta).
 
Además, los emprendedores por sí mismos no son autosuficientes. Quizá inicialmente, cuando su idea coge forma, comienza su andadura, pero en cuanto el negocio empieza a funcionar y la idea cuaja, creo que no. Al igual que en los proyectos se tienen equipos, un emprendedor necesita ayuda. Con la excepción de los emprendedores autoempleados (o autónomos, o profesionales independientes, como queramos…todos muy dignos, el nombre es lo de menos, creo yo) los emprendedores necesitan de personas que trabajen para ellos, porque son humanos y como tales limitados. Y alguno dirá, sí pero quien esté a mi lado que tenga también espíritu emprendedor, que sea un intraemprendedor. Vale, quizá mejor.
 
Pero también nos encontramos con las personas que cumplen y “solo” cumplen con su trabajo. Ellos también son necesarios. Sí, para determinados trabajos se necesitan personas cuyo objetivo laboral es hacer su trabajo lo mejor posible, sin responsabilidades adicionales y sin la presión de los resultados. Acatan lo que alguien les dice, simplemente. A mí, me parece una postura respetable. No digo que se escabullan, ni que hagan su trabajo mediocremente. Digo que no aspiran a puestos de mando, son la tropa en un símil con una organización militar. Personas en cualquier caso también indispensables. Si no intentemos que un intraemprendedor sea un “picador de datos”… eso se llama desmotivación y rotación de empleados.
 
En definitiva, qué duda cabe que los emprendedores son agentes muy importantes en la actividad económica y adivino que son personas con habilidades y capacidades excelentes, entre ellas la del trabajo duro. Pero muchos otros, luchamos por salir adelante y ayudar a conseguir los sueños de otros (en el mejor de los casos) a cambio de un salario (que es la retribución más evidente, o al menos la más habitual). Quizá alguien pueda pensar que eso es triste, pero yo no lo creo. Cada uno se realiza y es feliz a su manera y esa me resulta muy digna. Quizá menos ruidosa, pero absolutamente necesaria e imprescindible en el mundo empresarial. ¿Qué hubiera sido de las aventuras del Quijote sin su Sancho, ese fiel escudero?

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