Qué te pueden enseñar los emprendedores sénior

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La experiencia siempre es un grado. Los kilómetros recorridos por quienes crean una empresa pasados los 40 les permiten reconocer los pasos y las dificultades en el proceso, y a definir mejor sus objetivos.

Juan José Manso tiene 70 años y la ilusión de un hombre de 30: “No tengo miedo al fracaso. Toda mi vida la he pasado liado con distintos desarrollos. Asumo el riesgo”. Y no puede dar más en el clavo. Manso es químico y ha estado bajo nómina durante muchos años para diferentes empresas hasta que decidió hacerse autónomo y trabajar por su cuenta. Ahora asesora, da cursos formativos y sigue desarrollando su verdadera pasión: superar retos a través de proyectos innovadores y desarrollos que mejoren el tejido empresarial.

“Emprender es algo mucho más complicado de lo que parece y se necesita ser un corredor de fondo para conseguir que una empresa salga adelante”, advierte Jesús Hurtado, consejero delegado de Digital Media Rights. Hurtado sabe de lo que habla: “Cuando uno es nieto, hijo y hermano de emprendedores hace falta muy poco para que el gen aparezca ante una oportunidad real de negocio”. Creó Digital Media Rights cuando tenía más de 40 como una solución simple, efectiva y económica a los problemas de plagio y uso ilegal relacionados con los derechos de autor de todo aquello que se publica en Internet. Reconoce que emprender es “una de las mejores sensaciones que se pueden tener en la vida”, pero sabe que es un camino difícil y lleno de obstáculos. Aún así, a los que hayan tomado esta alternativa por vocación les recomienda “que no paren nunca de hacerlo”.

La mejor opción

Gabriel Asensi, socio fundador de Aspar Consulting, sabe que el empuje que se tiene cuando uno es joven es difícil de conservar pasada cierta edad. Pero también admite que “con 40 años prima la reflexión y la experiencia. A esta edad el emprendimiento es una buena manera de aprovechar a muchos grandes profesionales a los que en ciertas empresas ya se da por agotados”. Asensi advierte de que emprender no debe ser “una salida a la desesperada”, ni para los más jóvenes ni para los sénior. “Es una alternativa que tiene una serie de variables que la convertirán en ‘la mejor opción’. Pero hay que tener claro cuál es el proyecto que quieres desarrollar, cómo lo vas a hacer y qué objetivo buscas con ello”.

A Cristóbal Medina no le llevó a emprender una sola razón cuando decidió poner en marcha Innalia. Junto a Francisco García creó esta compañía con la vocación de ofrecer servicios de gestión, comercialización y márketing. Medina considera que cuando emprendes pasados los 40 “cuentas con la suficiente experiencia, las vivencias y los contactos para acometer ese proyecto personal; y sufres las mismas dificultades que podría tener cualquier persona de cualquier edad”. Por eso, aconseja “que ese proyecto no sea identificado por el emprendedor solamente como una salida ante la crisis. Es una alternativa, pero debe estar cimentada en una idea viable y ejecutable”. Cuando se empieza a dar forma a una posible empresa “hay que tener todas las partes cubiertas: la idea, el razonamiento empresarial, el conocimiento, la viabilidad, los mercados a los que te vas a dirigir, los productos que quieres vender, tus clientes potenciales, los recursos, las infraestructuras, etcétera”.

Poner en marcha un proyecto supone un proceso largo de maduración y desarrollo de la idea inicial. Para Hurtado este tiempo se dilató dos años. “En ese plazo no sólo buscas los pros y los contras de la iniciativa, también es importante analizar el entorno que te rodea”. Y siempre hay miedo, con 30 y con 40 años. Asensi advierte de que “no es lo mismo cuando tienes 20 que cuando ya tienes un recorrido profesional. Hay mucho ‘lobo’ por el mundo y cuando eres joven, como te descuides, te quedas sin idea. Sin embargo, a los 40 tienes otra perspectiva de la vida, haces las cosas con más cabeza y, aunque físicamente no tengas las mismas fuerzas, se suple con el conocimiento que has adquirido con los años”.

Cambios

Medina, Manso, Hurtado y Asensi demuestran que nunca hay que tenerle miedo a los cambios. Ni a su edad ni a los 20 años. “No hay que temerle a nada. El mundo no se para. Es cierto que hay que extremar las precauciones ante situaciones como la ralentización, los parones y la crisis; y minimizar los riesgos, ser más analíticos, innovadores y ejecutar el proyecto con la máxima eficiencia”, indica Medina.

La de ahora es una situación excepcional pero, como apunta Asensi, “dicen que se trata de algo cíclico y que una persona vivirá entre dos o tres a lo largo de su vida, así que… ¿por qué tenerle miedo? Lo que hay que hacer es estar preparado. Nos vacunamos contra las enfermedades, por qué no hacerlo contra estos ciclos económicos. Si potenciamos nuestras empresas, preparamos nuestros equipos y diversificamos mercados, este tipo de crisis nos afectarán en menor medida”.

Y en el fondo, como señala Manso, “lo que más cuesta es cambiar la forma de pensar”. Cuando el cambio, en el fondo, es la única constante y hay que saberse adaptar a cualquier transformación.

 Fuente: [Enlace Retirado]

 

 

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