Espacios de coworking

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Emprendedor. Palabra de moda o alternativa inevitable, casi obligada ante la endeble coyuntura económica. Escasean las compañías que puedan ofrecer ese sueño imposible llamado contrato. El concepto empresa se reformula, las hay de una sola persona, que lo llevan todo encima y tienen todo el organigrama en su cabeza.

Uno se alza en dueño de su propio destino, con todo lo que implica eso de riesgo y también de emoción. Este nuevo replanteamiento económico y social acarrea nuevas formas de relacionarse y hasta maneras de configurar espacios de trabajo.

Y aquí surge el concepto de ‘coworking’, compartir espacios para trabajar o alquilar puntualmente despachos o salas de reuniones. Hace cinco meses abrió en la Plaza de Noruega (Fratres) Coworking Cáceres, el primer espacio privado en la ciudad que encaja en esta definición.

Jesús Muñoz es el artífice de este nuevo negocio, que espera que pueda ir creciendo con el tiempo. Ligado a proyectos de emprendimiento de la Junta, Muñoz disponía del local y decidió lanzarse. De alguna manera quería cerrar el círculo de todo lo aprendido, y dar un servicio que cree que cada vez se va a demandar más. «Hice una inversión de unos 7.000 euros para adaptar el local, poner mobiliario y dotarlo de recursos tecnológicos». De momento cuenta con dos clientes fijos, aunque tiene espacio para unos siete.

Es una zona diáfana, sin muros, muy adaptable, en donde se pretende que la información y las famosas sinergias, fluyan. El individualismo no parece conciliar con el concepto de ‘coworking’. Hay que compartir. Mónica Rivero es una de las personas que ocupa una mesa de forma fija. Paga 170 euros al mes por ella, conexión a Internet, derecho a salas de reuniones, cocina y demás recursos como fax o impresora.

Mónica, de 27 años, es consultora de comunicación, de la empresa ‘Onkreativ’, especializada en redes sociales y responsabilidad social empresarial. «Llevaba año y medio en casa y te cansas de quedar en los bares con los clientes y de no quitarte el pijama», comenta. «Dejas de mezclar la casa con el trabajo».

La otra empresa que utiliza Coworking Cáceres es de informática, por lo cual aquí surgen los vínculos enriquecedores entre unos y otros. Estos espacios también están abiertos a personas a las que sus empresas les marcan tiempo mínimo de teletrabajo, pero no quieren quedarse en casa. Esta empresa trabaja también en red, con la posibilidad de utilizar distintas salas de trabajo en otros puntos de España.

El Garaje 2.0, en el Embarcadero, una dotación que gestiona el Ayuntamiento de Cáceres, también se ofrecen zonas comunes y despachos que van orientados a profesiones innovadores y gente joven. Según se dijo en su reciente inauguración se van a poner a disposición de los emprendedores 30 despachos, a 8 euros el metro cuadrado al mes.

Lugar diáfano

«Al principio a la gente le cuesta llegar a un espacio vacío, no verse rodeado de sus títulos y sus cosas, pero luego se acostumbran a ir ligeros y hasta lo agradecen», explica Ana Matesanz, la gerente del Espacio Ática, un centro de negocios abierto a todo tipo de empresas, pero sobre todo a los emprendedores y a las de pequeño tamaño. Ella viene de Madrid, en donde es más normal recurrir a centros del trabajo como el suyo. Es un entorno que no ofrece una alternativa de ‘coworking’ propiamente dicha, aunque la atmósfera cooperativa impera.

Todo el que pasa deja su tarjeta en un punto común. Cuenta con tres despachos y dos salas de reuniones para todo tipo de actividades. Por Ática circulan expertos en homeopatía, ‘coachers’, psicólogos, profesores, agentes inmobiliarios.

Son muchos los motivos, pero el fundamental es el ahorro, sobre todo cuando estos emprendedores están iniciando su actividad. Ella misma cuenta con una sala en donde desarrolla su trabajo como diseñadora de tocados. Se pueden sacar bonos de varias horas, alquilar oficinas a media jornada o puntualmente. Lleva un año funcionando y ya tiene unos 20 clientes fijos. La ciudad es pequeña y el concepto avanza poco a poco. Lento pero seguro.

Alberto Gómez-Saucedo está poniendo en marcha un proyecto de hostelería y se ha sacado un bono de 20 horas que le ha costado 85 euros. «Vengo cuando quiero tener un sitio con tranquilidad en un ambiente productivo». Hay mucho autónomo o personas que necesitan un lugar para reunirse con clientes, más allá de un bar. Al final, echando cuentas, «puede resultar más barato alquilar un despacho por horas que pagar una consumición, y la imagen es mucho mejor», apunta Matesanz.

 Fuente: [Enlace Retirado]

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