“Desamprender” antes de Emprender

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¿Sueñas con tener tu propia empresa? ¿Tienes un proyecto apasionante en mente? ¿Sobre tu escritorio se acumulan a kilos manuales sobre cómo hacer estudios de mercado, planes de empresa o de márketing y, en definitiva, sobre los millones de cosas que tienes que saber (y planificar) antes de lanzarte a la piscina’? Si es así, relájate: no te vamos a aturullar más.

Muy al contrario, hoy queremos proponerte hacer una pequeña operación de ‘detox’ mental. ¿Por qué? Porque los tiempos han cambiado (mucho) y emprender hoy (felizmente) no es lo mismo que hace una década. Así que vacía tu mesa, sal a la calle a ver el sol, pídete un helado (que ya es primavera) y deja un lado tu dura vida de emprendedor para reflexionar sobre estos diez comportamientos (viejunos) que quizás deberías desaprender antes de emprender (los hemos sacado del libro ‘Rework’, de Jason Fried y David Heinemeier).

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1. Ignora ‘el mundo real’: “Eso nunca funcionaría en el mundo real” Seguro que estás harto de de oír esta calamitosa frase. En el mundillo del emprendimiento, el “mundo real” es el mundo en el que, como dicen Fried y Heinemeier, “las nuevas ideas, los aproximamientos novedosos o los nuevos conceptos siempre pierden”. Muy a menudo, el “mundo real”, termina convirtiéndose en una excusa para la inacción y, si nos conoces un poco, ya sabrás que eso a nosotros no nos gusta nada (“se aprende haciendo, y si non se hace, no se aprende”, suele decir nuestra coach Berta Lázaro). No nos malintepretes: no te estamos incitando a que te tires de cabeza detrás de cualquier idea sin contrastarla minimamente. Pero sí que tengas en cuenta que “el mundo real” ha cambiado mucho (muchísimo) y que hay mucho agorero ahí fuera que todavía no se ha enterado.

2. Los planes son fantasías, tómalos como tal (“planning is guessing“). Según el modelo empresarial tradicional, es necesario hacer infinidad de tediosos planes antes de estar listos para salir a escena. Hoy, eso ha cambiado: nuevos modelos, como el Lean Startup, ponen en tela de juicio la planificación excesiva y nos invitan a hacer desde el principio aprendiendo de la experiencia… y de nuestros usuarios / clientes. Fried y Heinemeier nos recuerdan que “planear es fantasear”: “Hay demasiadas cosas que no dependen de ti: el mercado, los competidores, la economía… escribir un plan te hace creer que controlas asuntos que en realidad no controlas”. Con esta reflexión en mente, los autores nos animan a aprender a improvisar, una habilidad esencial para el emprendedor que se ve muy limitada por el diseño de planes que no dejan espacio para los movimientos no calculados previamente. No debemos tener miedo a “boicotear” el plan: “es hoy, y no hace tres meses, cuando realmente tienes la información necesaria sobre qué es mejor hacer ahora. Decide que vas a hacer esta semana, no este año“.

3. El crecimiento está sobrevalorado (y es peligroso). ¿Cómo es la empresa de tus sueños? ¿Cómo te la imaginas en 10 años? ¿Cómo es para ti una empresa de éxito? Si en respuesta a estas preguntas tu mente te ha ofrecido imágenes de oficinas desbordantes de empleados, la Bolsa, grandes eventos y (o) una cámara de billetes como la del tío Gilito, ojo: podrías padecer el síndrome del “cuanto más grande mejor” que ha caracterizado a nuestra sociedad reciente y que seguro que no necesitamos recordarte a dónde nos ha llevado. En su libro, Fried y Heinemeier nos lanzan una pregunta que convendría que te hicieras a ti mismo cuando a tu empresa empiecen a irle bien las cosas: “¿Por qué crecer?”. Los autores nos recuerdan que “el tamaño adecuado para cada empresa no siempre es el más grande” y que crecer cuando no hay que hacerlo “implica la muerte de muchas compañías”: “Quizás el tamaño adecuado para tu empresa son cinco personas, quizás son cuarenta o quizás sois tú y tu portatil. Crece despacio y estudia con qué tamaño te va mejor, sin prejuicios”.

4. ¡Ojo! Convertirte en un workoholic no te hace mejor empresario. “Nuestra cultura celebra la idea del workoholic”, nos advierten Fried y Henemeier, “se considera un honor matarse a uno mismo por un proyecto. Esta idea de que nunca se ha trabajado suficiente no solo no es real, es estúpida”, afirman. “Los adictos al trabajo acaban creando más problemas de los que resuelven: tratan de solucionar cuestiones echando horas por la fuerza, lo que resulta altamente improductivo, y hacen sentir a quienes no son como ellos culpables. Dicen que son perfeccionistas, pero se estancan en detalles inconsecuentes”.  Finalmente, los autores nos dicen: “Los workoholics no son héroes. Los verdaderos héroes están ya en casa porque han encontrado una forma más rápida de hacer su trabajo”.

5. Una idea es solo una idea. Haz algo YA. “Todos conocemos a alguien que alguna vez nos ha dicho algo como ‘yo tuve la idea de Ebay, si me hubiera atrevido a lanzarlo, hoy podría ser millonario’”. Esa lógica, advierten los autores de Rework, es “patética y desilusionante” ya que “tener la idea de Ebay no tiene nada que ver con realmente montar Ebay: hasta que realmente ejecutes algo tu idea brillante es solo eso, una idea”. La mejor forma de aprender, es hacer. Así que, como dijo Kubrick: “Coge una cámara graba lo que sea ya”.

6. No esperes a tener tiempo para hacer algo o no lo harás nunca. “No time is no excuse”, nos dicen los autores de ‘Rework’. No esperes a tener tiempo para aprender a tocar el piano, bailar, lanzar tu empresa o escribir un libro, porque ese día no llegará jamás. “Siempre hay tiempo si lo inviertes con sabiduría, y no hace falta que dejes tu trabajo para buscarlo: si quieres algo de verdad, encontrarás el tiempo para hacerlo”, nos dicen.

7. No vayas hasta el final: vívelo o déjalo. Tener tu propio proyecto profesional es una empresa vital. Vas a convivir con el buena parte de tu vida y vas a invertir en el lo mejor de ti: tu talento, tu tiempo, tu creatividad… el mejor proyecto es aquel que se vive con pasión, que te hace feliz: es esa felicidad la que te convierte en el mejor empresario posible. Piénsalo: ¿te hace (hará) feliz lo que haces? Si la respuesta no ha sido un SÍ claro, quizás deberías hacer un giro en tu camino. No te confundas, hacer algo hasta el final”, “no te convierte en un héroe” y, en muchas ocasiones, “es más listo quien sabe retirarse a tiempo”.

8. Céntrate en ti, no en tus competidores.“¿Qué sentido tiene preocuparse por algo que no puedes controlar, como la competencia?”, se preguntan los autores. Desde luego, saber qué hace la competencia es bueno (podemos aprender mucho de ellos), pero obsesionarse con ella sólo nos conduce a estados de ansiedad negativos para “hacer crecer nuestro propio proyecto”. En vez de eso, Fried y Henemeier nos animan a enfocar nuestras energías en preocuparnos por nosotros, “de lo contrario nuestro cerebro se regará con las ideas de otros y nos convertiremos en reaccionarios, en vez de visionarios”.

9. No te pierdas en abstracciones: ¡baja a la Tierra! “El mundo de los negocios está empapelado de documentos (reportes, diagramas…)  muertos que nadie lee: si quieres explicar algo, quitale todas las capas de abstracción que puedas, hazlo lo más real posible”. ¿Cómo? Eliminando todo lo accesorio, enfocándote en el ‘epicentro’, en eso que tienes que resolverahora y posponiendo los detalles para el momento en el que sea adecuado abordarlos.

 10. No tengas prisa por ser mundialmente conocido: estar ‘en la sombra’ tiene sus ventajas. Todos tenemos prisa por que nuestra empresa sea ‘mundialmente conocida’ y, sin embargo, estar en las sombras tiene sus ventajas. “Usa esa posición para cometer errores sin tener a todo el planeta mirando. Testea nuevas ideas, prueba cosas nuevas: nadie te conoce, así que si que puedes meter la pata tranquilamente. No olvides que, cuando crezcas y seas popular, asumirás menos riesgos. Es en esa fase en la que las organizaciones empiezan a fosilizarse y el cambio se vuelve más difícil”.

Fuente: Teamlabs

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